¿La IA está volviendo nuestro cerebro más perezoso?
Antes la acción de “buscar” solía ser un ejercicio mental. Ahora, la inteligencia artificial busca y piensa por nosotros. Este artículo explora cómo la nueva interacción con la IA está modificando la capacidad de nuestro cerebro para adaptarse —conocida como neuroplasticidad— y afectando procesos como la neurogénesis, que es la creación de nuevas neuronas.
Cada clic reconfigura el cerebro
Durante años, buscar significó algo más que escribir una palabra en la barra de un navegador. Implicaba explorar, contrastar, comparar, pensar. Sin embargo, con la llegada de la inteligencia artificial, hoy en día las búsquedas han dejado de ser un proceso mental para convertirse en un resultado. Ya no investigamos, pedimos que nos lo expliquen.
Y, aunque esto nos ahorra tiempo, porque vivimos inmersos en el acelerado mundo del multitasking, me surge una pregunta desde mi “curiosidad biológica”: ¿qué ocurre con nuestro cerebro cuando dejamos de pensar por nosotros mismos?
Del mapa mental al piloto automático
Se dice que el cerebro cambia con lo que practica. Eso es la neuroplasticidad: la capacidad de modificar sus conexiones neuronales en función de la experiencia. Cada vez que aprendemos algo, resolvemos un problema o recordamos un camino, el cerebro refuerza los circuitos implicados.
Una vez que dejamos de hacerlo (cuando una aplicación o una IA lo hace por nosotros) esos circuitos se debilitan. Y eso ya lo hemos vivido antes: con el GPS, hemos dejado de crear mapas mentales propios. Antes nos movíamos por cuenta propia, por sentido de la orientación, memoria espacial, usando mapas en papel, preguntando en la calle “¿Sabe dónde queda la calle X”? Y llegábamos a nuestro destino; quizás un poco más tarde, pero llegábamos.
Antes teníamos autonomía y nos desenvolvíamos perfectamente memorizando fachadas, calles, carteles y cualquier elemento que nos permitiese identificar dónde estábamos, para poder volver por el mismo camino sin perdernos.
Ahora dependemos 100% de una herramienta tecnológica para ubicarnos, incluso en nuestra propia ciudad. Eso hace que nuestro cerebro trabaje cada vez menos para memorizar y procesar información.
Un famoso estudio de la University College London demostró que los taxistas de Londres, que memorizan más de 25.000 calles para obtener su licencia, tienen un hipocampo (zona clave para la memoria espacial) más desarrollado que la media.
Pero investigaciones posteriores mostraron el efecto inverso: el uso constante de GPS reduce la activación de esa región y el cerebro deja de “simular” rutas o alternativas. De hecho, un estudio de la Université du Québec concluyó que quienes usan GPS habitualmente rinden peor en pruebas de orientación sin asistencia.
A esto se suma el fenómeno conocido como cognitive offloading (la externalización del pensamiento), por medio del cual delegamos procesos mentales (como recordar, calcular o decidir) en herramientas externas.
Una revisión de Trends in Cognitive Sciences publicada en Science Direct advierte que esta práctica puede alterar nuestra forma de codificar la información y reducir la memoria a largo plazo.
Cuando la respuesta llega hecha, se practica menos el criterio; la neuroplasticidad moldea el cerebro a la medida de la comodidad.
En otras palabras: cuanto más fácil nos lo pone la tecnología, menos necesitamos pensar. Y el cerebro, que es muy eficiente, se adapta y se “acomoda” a esa nueva “normalidad”.
Neurogénesis: cuando dejamos de explorar, el hipocampo “aprende” a necesitarlo menos
Además de cambiar sus conexiones, el cerebro de una persona adulta puede crear nuevas neuronas. Este proceso, conocido como neurogénesis, ocurre sobre todo en el hipocampo, la región implicada en la memoria y la orientación espacial.
Hay un estudio científico muy relevante que confirmó que la neurogénesis persiste en adultos. Y otras investigaciones confirman que ese “nacimiento” de nuevas neuronas continúa ocurriendo durante toda la vida, aunque disminuye con la falta de estímulo cognitivo o novedad.
Otros estudios demuestran que factores como el aprendizaje activo, la exploración espacial, los entornos enriquecidos y el ejercicio físico incrementan la producción de nuevas neuronas. Además, se ha demostrado que el entrenamiento aeróbico aumenta el volumen del hipocampo y mejora la memoria, un indicador indirecto de neurogénesis.
En ese contexto, la utilización regular de la IA para búsquedas en internet podría generar un efecto similar al del GPS: si dejamos de explorar y de relacionar información, el cerebro refuerza la pasividad. No porque “se vuelva más perezoso”, sino porque aprende que ya no necesita hacerlo.
De la curiosidad al piloto automático
Pero este fenómeno de dependencia no es nada nuevo. En 2011, un estudio publicado en Science describió el “efecto Google”: cuando las personas saben que pueden acceder fácilmente a una información, tienden a recordarla peor, y en su lugar recuerdan dónde buscarla.
Si trasladamos esto a la era de la IA, el riesgo es evidente: estamos sustituyendo la búsqueda activa por la respuesta inmediata. Lo que antes requería tiempo, contraste y análisis, ahora llega empaquetado, ya interpretado. Y aunque eso nos da eficiencia y nos deja tiempo para otras tareas, también nos priva de uno de los mayores motores del pensamiento humano: la curiosidad.
Guía práctica para una búsqueda con IA que no atrofie tu cerebro
No se trata de rechazar la inteligencia artificial, sino de recordarle quién piensa. La tecnología puede amplificar la mente, pero también puede adormecerla.
Es una fórmula sencilla:
IA + hábitos que preserven el criterio = resultado más coherente y consciente.
Aquí te comparto algunos consejos para que puedas dominar la IA sin que esta minimice tus capacidades cognitivas:
- Pregunta bien, piensa mejor. Antes de pedir la respuesta, escribe tu hipótesis o esquema. Compara luego con la síntesis de IA. [Con esto practicas generación propia antes de verificar].
- Mantén el músculo del contraste. Pide fuentes y abre al menos dos. Verifica que lo citado esté realmente en el enlace. [Así reentrenas la evaluación crítica].
- Activa “pasos intermedios”. En lugar de pedir la conclusión final, dile: “muéstrame 3 enfoques posibles + riesgos”. [Con esto entrenas el pensamiento divergente].
- Practica “modo sin GPS”. Para temas clave, busca directamente en bases primarias (PubMed, revistas) y dedícale unos 5–10 minutos antes de usar IA. [De esta manera recuperas sentido de exploración y mapa mental].
- Aprendizaje generativo, no receptivo. Usa la IA para formular mejores preguntas, no solo para cerrar respuestas. [Así refuerzas la metacognición].
No se trata de demonizar la comodidad, sino de dirigir la plasticidad hacia habilidades que te interesan conservar: criterio, contraste, agudeza mental y síntesis propia.
En resumen: la IA nos ahorra tiempo; la neuroplasticidad nos recuerda que lo que no practicamos, se debilita. Igual que con el GPS y el hipocampo, si delegamos siempre la “navegación cognitiva”, nuestro cerebro caminará menos por esos circuitos.
La solución no es renunciar a la IA, sino usar su velocidad para llegar mejor: dedicar el tiempo ahorrado a pensar con más profundidad.
Referencias
Maguire, E.A. et al. (2000). Navigation-related structural change in the hippocampi of taxi drivers. PNAS.
Javadi, A.H. et al. (2017). Hippocampal and prefrontal processing of network topology to simulate the future. Nature Communications.
Dahmani, L. & Bohbot, V.D. (2020). Habitual use of GPS negatively impacts spatial memory during self-guided navigation. Scientific Reports.
Risko, E.F. & Gilbert, S.J. (2016). Cognitive offloading. Trends in Cognitive Sciences.
Eriksson, P.S. et al. (1998). Neurogenesis in the adult human hippocampus. Nature Medicine.
Boldrini, M. et al. (2018). Human Hippocampal Neurogenesis Persists throughout Aging. Cell Stem Cell.
Kempermann, G., Kuhn, H.G. & Gage, F.H. (1997). More hippocampal neurons in adult mice living in an enriched environment. PNAS.
van Praag, H. et al. (1999). Running increases cell proliferation and neurogenesis in the adult mouse dentate gyrus. Nature Neuroscience.
Gould, E. et al. (1999). Learning enhances adult neurogenesis. Science.
Erickson, K.I. et al. (2011). Exercise training increases size of hippocampus and improves memory. PNAS.
Sparrow, B., Liu, J. & Wegner, D.M. (2011). Google Effects on Memory: Cognitive Consequences of Having Information at Our Fingertips. Science.

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